La entrada en el “negocio” odontológico de corporaciones que exportan conceptos de marketing empleados en otras áreas a la sanitaria nos lleva a estas situaciones de confusión entre los pacientes y por ende entre los profesionales de la odontología.

Vamos a intentar aclarar varios conceptos para que cada uno saque sus conclusiones:

–       Honorarios en odontología. Las tarifas marcadas por cualquier profesional o clínica vienen determinadas por varios parámetros:

  • Costes fijos: suma de todos aquellos costes no repercutibles directamente en el tratamiento (luz, alquiler, nóminas, impuestos…). Es lógico pensar que  una clínica grande en una zona céntrica tenga unos costes fijos superiores a una clínica pequeña en un barrio.
  • Amortización de la inversión. Tanto la inversión inicial como todas aquellas inversiones que se realizan continuamente.
  • Costes variables: los directamente atribuibles al tratamiento que se realiza. Si utilizamos un implante, composite o laboratorio de alta gama serán costes más altos que si se opta por la opción de coste bajo. Hasta ahí es lógico y entendible por cualquiera.
  • Coste de la mano de obra profesional. Por su naturaleza puede tratarse de un coste fijo (si el odontólogo está contratado con sueldo fijo), un coste variable (si cobra una comisión de lo que factura) o una mezcla de ambos.  Todo el mundo entiende que no puede cobrar lo mismo un profesional formado con 15 años de antigüedad que un recién licenciado, aunque podrían sorprendernos situaciones curiosas en ese sentido.

–       Procedimientos en odontología. Cualquier acto médico que se realiza en la consulta odontológica sigue un procedimiento clínico en el que se emplea una técnica, unos materiales y un tiempo necesario para realizarlo correctamente. La definición correcta de esos procedimientos y los protocolos para realizarlos vienen dados por los conocimientos y la experiencia de cada profesional.

–       Coste hora. La suma de los costes fijos y amortizaciones de una consulta repartidos en el número de horas que cada profesional trabaja en la misma nos dará como resultado un coste mínimo por hora. Es decir, eso es lo que cuesta que la clínica esté abierta aunque no entrase ningún paciente. Las condiciones particulares de cada clínica marcarán el coste/hora de la misma.

–       Por qué nadie habla del tiempo? Es fácil publicitar implantes a menos de 300 euros y decir que pueden ofrecerse a ese precio porque compran muchos. Eso es MENTIRA y se demuestra matemáticamente. El procedimiento diseñado de forma seria para la colocación de un implante implica como mínimo una suma de 90 minutos repartidos en tres visitas: diagnóstico, cirugía y retirada de puntos. El coste/hora de ese tiempo es en una clínica pequeña mínimo 150 eur, aparte del material desechable que se emplea en esas tres visitas que asciende por lo menos a 30 eur. Por ahora vamos por un mínimo de  180,00 eur. El coste de un implante oscila entre los 70-80 eur (gama baja) hasta los 250 (gama alta) o incluso más. Hasta ahora incluso utilizando los más baratos no hemos incluido los honorarios del profesional y ni que decir las comisiones del personal comercial ni la parte correspondiente para hacienda.

–       Por tanto no se trata más que de un señuelo para captar incautos. Una vez dentro la maquinaria comercial se encargará de revestir de medias verdades o medias mentiras hasta situar el tratamiento en unos márgenes de rentabilidad. Eso sí, con el cierre del presupuesto y pago adelantado si es posible para evitar que el ratón salga de la jaula si le da por mirar los números.

–       La asistencia a cursos de forma continuada implica la modificación de los procedimientos clínicos para mejorar la calidad asistencial de nuestro trabajo cotidiano. La reducción de eso al precio del implante es un insulto al esfuerzo de miles de profesionales que invierten horas y días festivos en formarse, así como un insulto a la inteligencia de la mayoría de nuestros pacientes y mucho más a su salud.